París, 29 de agosto de 2021
Yo estaba de viaje. Y tú también estabas de viaje. Cada uno metido en su propia historia porque, finalmente, aquellos que guardan el espíritu del viento van recubiertos de su propia historia.
El tiempo del reencuentro es indiferente, porque finalmente lo que se reconecta es la esencia.

Hace algún tiempo pensaba que la esencia era atemporal, pero en realidad ahora entiendo que evoluciona. Tantos reencuentros la envuelven y la revuelcan. Claro, se saborea el revolcón.
Yo estaba de viaje, solo. No sé cuánto tiempo durará esta soledad, pero la mezcla de nostalgia con libertad tiene un efecto poderoso. Viajar solo es también redescubrirse y tomar decisiones constitutivas.
Hoy cumplo treinta y siete años y sigo viajando solo. Para este viaje, la cúspide de mi universo es el París del Pont Neuf y de l’Ile de la Cité. Es un universo que me cuesta dejar, que no quiero que le pertenezca a un viaje.

Hoy llego a este viaje transformado, pero qué importa, porque tú recién me redescubriste así. Es quien soy ahora. Y, la verdad, es que no tengo la menor idea de cómo llegas tú al tuyo. No importa. Pues ya son bastantes variables las que nos llevaron a reencontrarnos. No hay más preguntas que sean necesarias.
También entiendo que finalmente somos las decisiones que tomamos y que a estas alturas de la vida ya sabemos perfectamente lo que ganamos y lo que perdemos, al menos con las decisiones más importantes.
Así es que las energías que recubren el azar, que se apoderan de las circunstancias, son finalmente las que quedarán grabadas en una imagen, en una canción, en una palabra…

Allí estamos. Listos para lanzarnos, porque la vida es así, al menos así lo es en este viaje. Un viaje a través de la vida misma.
Mi alma solitaria entra mañana en otro túnel desconocido, que es el reencuentro con mi casa. Vuelvo completamente transformado, por tantos reencuentros, por tantas energías, por tantos revolcones del alma..
Sé que mañana seré alguien más y allí empieza otro viaje y tantos otros reencuentros más.
