Escrito en Herengracht 359, Ámsterdam,
16-08-2022,
22:32
¿Qué es la Libertad? Es una de las grandes preguntas filosóficas de la Historia. Aunque para mí, definirme como Liberal requiere responder a otras preguntas anteriores, sobre las cuales se funda cualquier reflexión filosófica: ¿Cuál es tu propósito en esta vida? Y ¿Cuál es el propósito de la humanidad?
A partir de la observación de la práctica del debate en diversos círculos sociales, una de las deducciones más esclarecedoras que he podido extraer es que muchas veces los seres humanos argumentamos sobre conceptos distintos, porque las percepciones del mundo son indiscutiblemente individuales, lo cual, de saque, presupone un enorme obstáculo para que el debate pueda trascender y encontrar nuevos rincones fundamentales de aprendizaje.
¿Cuál es tu propósito en esta vida?
Así es que lo primero que intento averiguar, si es que no lo pregunto directamente, es el propósito existencial de mi interlocutor, para ver desde qué ángulo estamos conversando.
Por ejemplo, si la persona me dice: “mi propósito es ser millonario a los 50 años” o, si me dice, “quiero crear una nueva corriente artística”, o, por ejemplo, “quiero darle un futuro digno a mi familia”, o incluso “quiero ser capaz de generar un cambio trascendental en la ecología del planeta para salvar a la tierra de la destrucción que le causa el ser humano”, claramente entiendo su ángulo en la discusión y es mucho más sencillo poder argumentar y contra-argumentar. Intento, así mismo, siempre dar el mío también.
Hace poco reflexionaba sobre mi propósito en la vida y mi conclusión fue la siguiente: “quiero contribuir con el crecimiento de las personas desde mi experiencia, utilizando mi red de contactos, que he cultivado con dedicación y cariño a lo largo del tiempo. Quiero que todas las personas tengan las mismas oportunidades que yo. Quiero que todas las personas puedan sentirse como cuando en una de mis primeras noches en Poitiers, después de haber ingresado a Sciences-Po, solo podía mirar el techo de mi enana habitación y estremecerme por la inmensidad de la vidad y sus recompensas; estremecerme por ser capaz de cumplir el camino que mi abuelo me había señalado. Saber que lo logré por que mis padres me dieron las herramientas para hacerlo, y por que mis maestros y mentores se esmeraron en fortalecerlas. Eso quiero. Ese es mi impacto.”
Es decir, mi propósito está intrínsecamente vinculado a la gente. En el fondo, sé que soy una persona bastante optimista en lo que se refiere al futuro de la humanidad, lo cual es algo que choca constantemente con la visión fatalista que tiene una gran parte de la sociedad global. Puede parecer ingenuo, pero creo en la capacidad de las personas de ser cada vez mejores, de comportarse con valores, de construir sociedades pacíficas, viables y sostenibles.
¿Cuál es el propósito de la humanidad?
Esta pregunta resulta muy importante y absolutamente trascendental desde el punto de vista antropológico y sociológico. A veces cuesta centrarse en uno mismo para encontrar el propósito personal, y lo mismo sucede cuando reflexionamos de manera colectiva. Muchas personas que conozco han perdido la fe en la humanidad de tal manera, que esta pregunta ni se la hacen, ya que consideran al ser humano como el enemigo del planeta. Otros, son guiados por ideales religiosos, culturales o incluso aspectos científicos.
Si consideramos, por ejemplo, que la humanidad está destruyendo el planeta y que somos el problema y no estamos dispuestos a considerar seriamente que podríamos ser parte de la solución, es muy difícil entablar una conversación sobre la noción de “desarrollo”, por ejemplo, la cual está en la base de las ideologías y posturas políticas de todos los tiempos. Al entrar en un debate sobre puntos de vista políticos con personas que piensan así y que, cada vez son más, dicho sea de paso – por algo será –, es importante establecer el marco de la discusión.
En principio, debemos asumir que toda posición es igualmente válida, al menos para el debate. Lo importante es saber qué motiva a la otra persona a argumentar en un sentido o en el otro.
Tomarse unos pocos minutos previos a la argumentación para esclarecer estos dos puntos, puede servir muchísimo para tener una conversación constructiva. La trampa está en no buscar defender qué posiciones son “mejores” que otras, sino simplemente entender a la otra persona y el marco del debate.
Según mi punto de vista, el propósito de la humanidad, es el de crear condiciones dignas para que todos los seres humanos podamos aprovechar el “milagro” de la vida, podamos llenarnos el alma de aprendizajes y momentos maravillosos y que podamos hacerlo cada vez en condiciones más prósperas y de manera sostenible, es decir que las futuras generaciones tengan cada vez más oportunidades y una mayor calidad de vida.
¿Qué es la Libertad?
La Libertad es una noción filosófica que ha sido estudiada por muchos de los más grandes pensadores de todos los tiempos.
Aristóteles, por ejemplo, postulaba un concepto de la Libertad vinculado a la naturaleza política del ser humano. Como ser político, el individuo no puede estar sujeto a una voluntad exógena, sino que debe tener la capacidad de decidir, de manera libre, sobre los distintos temas que se le presentan.

Evidentemente, planteada desde la sociedad en la que vivía Aristóteles, entendemos que hay una serie de pre-requisitos para ser libre: evidentemente era necesario ser un ciudadano, no esclavo, no preso. Esto limita de manera intrínseca la libertad, puesto que, por deducción, todos los seres humanos no naceríamos libres, ni tampoco podríamos deducir que existe una Libertad Universal.
La noción de Libertad en sociedad también presupone que haya un garante del ejercicio de la Libertad, debido a que hay muchas condiciones que inhiben al ser humano de poder ejercerla plenamente. Esto mismo llevó a John Locke a plantear en el siglo XVII que es necesario contar con un “contrato social”, donde el Estado ponga ciertos límites (mínimos), que permitan garantizar que se respete la condición natural de todo ser humano de nacer libre. Varios autores reflexionaron sobre el concepto de “contrato social” como Rousseau y Hobbes, por ejemplo, sin embargo, lo interesante de Locke es que postula una “jerarquía” en el Derecho, en la cual la Libertad sería un valor supremo, por encima de cualquier otro derecho.
Para Locke, es imprescindible encuadrar – limitar – el poder del Estado, ya que rápidamente éste puede adquirir una condición de poder capaz de mermar las libertades individuales. Esta teoría también fue retomada por Montesquieu quien sugiere justamente una división de poderes para delimitar el alcance del Estado. Estas ideas fueron cruciales para las principales revoluciones políticas occidentales del siglo XVIII: la de Estados Unidos de América y la Francesa, las cuales buscaban acabar con regímenes políticos opresores, donde las desigualdades eran insostenibles y la concentración de poder en ciertos individuos con privilegios a todas luces socavaban la libertad de los individuos en general.
Los pensadores de las Luces justamente erigieron sus ideas filosóficas sobre la Libertad desde un punto de vista político, lo cual tiene mucho sentido si reconocemos que el Estado es el principal regulador de las decisiones de los individuos.
Para entender mejor el postulado de Locke, él menciona que si todos los seres humanos nacemos libres e iguales y nos desarrollamos en una sociedad que garantiza la propiedad y la independencia, las sociedades pueden crecer en paz y con prosperidad. Cuando exista algún conflicto, el Estado es quien entraría a definir, en función del contrato social. Así pues, para Locke, el principal poder del Estado sería el Judicial.
Otros pensadores como Kant le dan incluso mayor responsabilidad al ser humano, a través de lo que conocemos como la moral kantiana, la cual establece que es el propio individuo, por medio de la razón, quien gradualmente se va auto-regulando.
Algo muy interesante que plantea Kant es la noción colectiva del liberalismo, a través de la suma de individuos que componen la humanidad. Kant establece que mientras actuemos individualmente dentro de los límites de la moral auto-impuesta, estaremos construyendo positivamente el futuro de la humanidad.

Para Kant, la verdadera Libertad radica en la mayor ausencia de límites que se puedan imponer a la misma, lo que lleva a los individuos a tomar decisiones racionales. Mientras mayor rango de posibilidades tenga el individuo para decidir, su Libertad se ejercerá de manera más plena. En un contexto pre-revolucionario, las ideas de Kant alimentan de manera importante el postulado de la República Federal como mejor forma de gobierno. Claro, para Kant, la República funciona en la medida en que los ciudadanos actúan con principios morales y participan en la vida pública, con una actitud cívica. El Federalismo responde a la misma apreciación de delimitación de poderes: mientras más diluidos estén los centros de poder, más libres seremos los individuos.
Desde el punto de vista político, otro pensador que aporta un elemento trascendental, a mi juicio, en la definición de Libertad es Alexis de Tocqueville, quien analiza cómo ha evolucionado la Revolución de Estados Unidos y qué enseñanzas se pueden adoptar para el concepto del liberalismo. De Tocqueville se interesa por la forma política de la democracia y sobre un aspecto que hoy resulta de particular relevancia: la igualdad.
Raymond Aron explica de manera muy clara la visión de Tocqueville: “la «tesis de Tocqueville es (…) la siguiente: la libertad no puede fundarse sobre la desigualdad, por lo tanto debe afirmarse sobre la realidad democrática de la igualdad de condiciones, y salvaguardarse mediante instituciones cuyo modelo ha creído hallar en Estados Unidos.”
También trae a colación algunos elementos que fortalecen la Libertad en un régimen democrático: el federalismo, la participación de la sociedad civil a través del asociacionismo y la libertad de prensa. Estos elementos van en el sentido de delimitar el poder del Estado y acercar las decisiones a los individuos, bajo formas que conviven de forma natural con un Estado democrático de derecho.
Esta noción ha ido evolucionando a lo largo del siglo XX y XXI, a la luz de las profundas injusticias que los grupos más vulnerables de las sociedades han venido sufriendo a lo largo del tiempo e incluso dentro de democracias muy consolidadas, como por ejemplo, el derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas en Canadá, los derechos de las comunidades étnicamente minoritarias, así como de la comunidad LGTB, por citar un par de ejemplos. Es desde el liberalismo que se han construido las principales salvaguardas a los derechos de estos grupos y desde donde se ha buscado instaurar reparaciones para generar condiciones más justas. La igualdad de Tocqueville evolucionó a “equidad”, basada en el concepto de generar oportunidades iguales reales, más que postulados filosóficos únicamente.
Otro ángulo claramente prioritario a tener en cuenta en una definición más amplia de la Libertad, es el de la Libertad económica, entendido como catalizador de la prosperidad. Básicamente emana de dos constataciones históricas: la generación de riqueza en las sociedades que han practicado la libertad de comercio a lo largo de los siglos, así como la del derecho a la propiedad privada defendido en la Revolución Francesa, como método de protección individual frente a la nobleza terrateniente. No me voy a detener demasiado en el aspecto económico del liberalismo, pero básicamente su defensa la encontramos en todos los postulados filosóficos anteriormente mencionados.
Así pues mi concepto de Libertad tiene en cuenta diversos aportes filosóficos que se han venido dando a lo largo del tiempo y que van mucho más allá del simple “libre albedrío”. Tiene en consideración el ordenamiento político y es de inspiración occidental.
Para mí, la Libertad es el valor supremo de la humanidad, es el valor que guía el desarrollo de la humanidad y el que permite el desarrollo y prosperidad de las sociedades. La Libertad se traduce en la capacidad que tenemos los individuos de tomar decisiones racionales, informadas, en la mayor cantidad de asuntos y con la menor limitación posible, lo que redundará en un beneficio colectivo. Sin embargo existe una condición previa que debe darse para que se pueda ejercer esta Libertad de manera real: la igualdad de oportunidades.
Sin igualdad de oportunidades, no podremos construir sociedades justas de manera sostenible, y cualquier prosperidad o creación de riqueza será finalmente dilapidada por los reclamos (¡justos!) de aquellos individuos o grupos de individuos que viven bajo condiciones de vulnerabilidad ya sea por razones históricas (grupos indígenas en el continente Americano, por ejemplo), por razones de discriminación (comunidad LGTB en países donde no hay plenos derechos, o peor aún, donde aún subsisten penas), o por ineficiencia de los Estados (por ejemplo, zonas rurales en América Latina donde los servicios públicos no llegan de manera eficiente).

Reconocer que hay derechos básicos que son necesarios para el postulado Liberal, es darle un sentido a la labor Estatal, más allá de la simple regulador o juez de los actos de los individuos, en un contexto en el que no podemos ignorar la Historia. Corregir estos desbalances muchas veces vergonzosos, es lo que nos permitirá seguir avanzando en el propósito de la humanidad y, por ende, buscar garantías para que los individuos puedan cumplir sus propósitos personales.
En concreto el Estado debe encargarse que todos los individuos tengan acceso a los siguientes derechos básicos, mencionados sin ningún orden en particular: Vivienda digna, seguridad y salvaguarda de la integridad física, seguridad alimentaria, respeto de la propiedad privada, acceso oportuno a la salud, educación de calidad, acceso a la Justicia, agua potable, condiciones de saneamiento básico, acceso a la libertad de expresión y de información, libertad de movimiento, respeto a la identidad.
En este sentido el Estado tiene muchos asuntos de los qué ocuparse, que son necesarios para el desarrollo de las sociedades, y debe tener un mandato fuerte para gestionarlos de manera eficiente. Estos asuntos son las garantías para que se pueda desplegar una verdadera meritocracia, la cual permitirá a los individuos cumplir sus metas y voluntades, a partir del esfuerzo de cada quien.
En ese sentido no puedo afirmar que exista ningún Estado plenamente liberal, ya que en todas las latitudes subsisten deficiencias en algunos de los aspectos mencionados, pero sí existen Estados que lo encarnan bastante bien y que, a mi juicio, son justamente aquellos que han desarrollado las sociedades más prósperas y justas que existen en el planeta.
Países Bajos: un ejemplo de sociedad liberal.
Justamente escribo estas líneas en un viaje a los Países Bajos, un país que siempre me ha atraído por su forma de pensar y de poner en práctica las diversas máximas filosóficas liberales que me han inspirado desde hace muchos años.
Para empezar, y desde el punto de vista de las libertades económicas, Países Bajos es la cuna del liberalismo económico moderno, lo que le ha permitido generar mucha prosperidad para su sociedad, desde hace ya varios siglos. En Ámsterdam se creó el primer “Banco Estatal” de Occidente: el Amsterdamsche Wisselbank, en 1609, cuyo rol principal fue el de generar confianza para la economía, asegurando el valor de las diferentes monedas que circulaban en la capital europea del comercio mundial y creando el primer sistema de pagos internacionales, totalmente confiable por los agentes económicos.

Ámsterdam en el siglo XV y XVI era una de las ciudades más prósperas del mundo, sirviendo como centro de intercambio y comercio internacional, donde, además, se mezclaban etnias, posturas políticas, filosóficas y creencias religiosas. Las compañías holandesas de las indias orientales y occidentales servían como enormes catalizadores del intercambio internacional, facilitando la creación de riqueza a través del comercio y generando un impacto positivo en la calidad de vida de los habitantes locales.
Teniendo en cuenta que los Países Bajos están construidos sobre un territorio principalmente pantanoso y en gran parte recuperado del mar, con tierras pobres de poco valor agrícola, resulta particularmente importante entender que para esta sociedad, la creación de riqueza estuvo basada desde un inicio en el comercio. Es muy posible que habiendo entendido el comercio como uno de los principales creadores de riqueza, la visión liberal de los holandeses se haya ido plasmando de manera natural en la sociedad.
Luego está el enfoque pragmático y de la tolerancia: teniendo tantas influencias diversas, claramente el mejor enfoque para asegurar que todos los grupos puedan confluir en los puertos holandeses, ha sido siempre el de respetar las creencias ajenas y esto ha servido para que a lo largo de los siglos se cree una sociedad abierta (Países Bajos es el país del mundo que habla la mayor cantidad de lenguas extranjeras per capita), de gran prosperidad (en 2019 fue el noveno país con el Índice de Desarrollo Humano más alto del mundo) y es uno de los que más contribuye con el desarrollo de los países emergentes. Según la OCDE (2019), Países Bajos tiene el sexto ratio más alto del mundo en Asistencia Oficial al Desarrollo / PIB y es uno de los líderes internacionales en diplomacia a favor de medidas para mitigar el cambio climático, incluyendo importantes contribuciones financieras para tal fin, así como en intervenciones multidimensionales humanitarias-desarrollo-promoción de la paz.
Uno de los aspectos más conocidos de la identidad liberal contemporánea de los neerlandeses es la política de tolerancia frente a las drogas suaves para uso recreativo, como el cannabis, la cual se viene implementando desde hace décadas con gran éxito. Si bien hoy ya no constituye ninguna gran novedad, debido a que muchos otros países, como los Estados Unidos, Canadá, Malta o incluso países latinoamericanos como Uruguay, ya han implementado políticas similares o incluso más avanzadas, Países Bajos fue uno de los pioneros en tomar un enfoque distinto, que emana de su tradición liberal, cuando la política global era la de una represión dura contra las drogas, postura liderada por varias décadas por los Estados Unidos y que marcó internacionalmente el siglo XX. Este enfoque no solo ha permitido a los Países Bajos generar una recaudación adicional importante y evitar problemas de salud de los usuarios, derivados de un control de calidad, sino que, además, los neerlandeses están lejos de ser los principales usuarios de cannabis en Europa. Francia, por ejemplo, un país prohibicionista, es el que tiene el consumo más alto per cápita de la UE.

Sin embargo muchos otros aspectos deben ser destacados en el liberalismo neerlandés, como por ejemplo los derechos de la comunidad LGTB, el derecho al aborto, el multiculturalismo, entre otros.
Entiendo que muchos señalarán que en buenas porciones del siglo XX han sido los social-demócratas quienes han dirigido los destinos del país, que aún se trata de una monarquía constitucional y que incluso ha habido un aumento en las preferencias electores hacia la ultra derecha neerlandesa, y claramente esa es una muestra que la democracia liberal deja espacios para coexistir de manera abierta con otras visiones, pero está claro que quien pone un pie en las principales ciudades holandesas puede sentir el espíritu liberal, abierto y desinhibido que tiene este país.
También está claro que nada se construye de la noche a la mañana y que en los Países Bajos el liberalismo ha ido impregnando el tejido social desde hace ya varios siglos, con lo cual la herencia es profunda y es parte de la identidad colectiva.
Claramente aún hay mucho por hacer, pero los Países Bajos es uno de los países con menores desigualdades en el mundo, con mayores oportunidades para sus ciudadanos y donde cada quien se puede expresar de la manera en que mejor le conviene, sin temor a represalias. Es un país donde hay una importante creación y acceso a la cultura, no solo local sino internacional.
A pesar de todos los aspectos de mejora que ciertamente tiene la sociedad neerlandesa, para mí, ésta sociedad ha construido uno de los sistemas sociales más justos del mundo, basados en la Libertad individual, donde cada persona tiene el derecho de decidir quién es y qué quiere hacer con su vida, en un espíritu meritocrático, donde las personas no deben preocuparse por sus derechos básicos, sino que más bien pueden enfocarse en su propósito individual y colectivo.
En definitivo, la sociedad liberal neerlandesa, es una sociedad que me inspira y dentro de la cual puedo proyectar mi propósito individual, sabiendo que contribuyo al propósito de la humanidad al que adhiero.
Liberal, una postura para defender
Claramente hoy es muy difícil decirse liberal y esperar que la gente no tenga ningún a priori, porque el liberalismo se ha confundido con el capitalismo, cuando el primero no tiene el mismo propósito que el segundo; porque las corrientes anti-imperialistas en varias partes del mundo y particularmente en América Latina han creado un Frankestein de las posturas políticas llamado el “neo-liberalismo”, que sinceramente no tiene ni pies ni cabeza, porque empaqueta posturas genuinamente liberales como la libertad de comercio, con aspectos capitalistas como la primacía de las multinacionales frente a la soberanía de los Estados, con nociones geopolíticas, como la capacidad bélica de Estados Unidos y sus aliados en la escena internacional. El uso de ese neologismo, que dificulta una lectura más fina de las corrientes políticas, pero que empalaga al que lucha por justicia social, porque siempre es fácil usar ese argumento de malos versus buenos, no invita a la reflexión y evidencia que aún nos falta mucho por avanzar en educación política a nivel mundial.
Por eso, recuerdo cuando en una clase de economía internacional en Argentina, tuvimos que elegir dos campos: los que defendíamos el libre comercio versus los que lo atacaban, para la exposición de motivos del debate de la materia que estábamos estudiando. Toda la clase se peleaba por estar en el segundo campo, mientras que en el primero, solo éramos tres voluntarios: un danés, un neerlandés y yo. Llegado el día, no pudimos empezar siquiera la exposición sin que nos chiflen desde los pupitres, reflejo claro de lo que acontece hoy: las personas creen que tienen una superioridad moral con sus argumentos y no tienen voluntad de escuchar a los demás. Una buena dosis de tolerancia liberal les hace falta.
Sin embargo, cuando me tocó mi parte, la defendí a capa y espada, con toda la batería de argumentos racionales que me acompañaban, sabiendo que en frente, nadie tendría la mínima predisposición a escuchar. Era el 2005, y en mi clase y en mi entorno, había quienes defendían fervientemente a Hugo Chávez. La historia se encargó de poner todo eso en su lugar.
Con la frente en alto y sabiendo que soy una minoría y, más aún, una minoría marciana en mi país, el Perú, plagado de conservadores de todo tipo, lo digo soy LIBERAL. Pero no liberal en lo que le conviene a unos y a otros no, por ejemplo la derecha peruana que es “liberal” en lo económico (aunque realmente la gran mayoría es más bien mercantilista), pero que es absolutamente retrógrada en lo social y ensucia y mancha el nombre del liberalismo de la peor manera. No, señores, yo soy liberal a cabalidad, en todos sus aspectos, desde la libertad de expresión y de comercio, hasta la protección de las minorías.

Soy liberal porque creo en una sociedad más justa, soy liberal porque sé que la prosperidad se crea a partir del comercio. Aoy liberal porque soy empresario y sé que necesitamos empresa privada para crear empleo y para contribuir a un Estado que, a su vez, proteja los derechos fundamentales de todos los ciudadanos y en particular de las minorías y cree las condiciones necesarias para fomentar la creación de más empresa, lo que redundará en la creación de mayor riqueza. Este es el círculo virtuoso que podemos ver en varias sociedades liberales del mundo como la de Países Bajos, Nueva Zelanda o Canadá, por citar algunos ejemplos.
Soy liberal porque creo en corregir las desigualdades históricas, porque creo que todos merecemos las mismas oportunidades, soy liberal porque entiendo la manera racional de hacer realidad este propósito de la humanidad, soy liberal porque he sido minoría muchas veces, soy liberal porque soy optimista y porque creo que el ser humano es capaz de hacer las cosas bien. Soy liberal porque creo en la consciencia creadora del individuo y porque creo que todos debemos ser responsables de las decisiones que tomamos y que la bondad y la ética deben ser la esencia de las decisiones de cada ser humano. ¿Soy idealista? Quizás. Pero ver sociedades que han alcanzado los resultados que postulo, me demuestra que es completamente posible. Por eso, sin tapujos ni vericuetos, soy Liberal.








































































































